PEP BOU es un mimo excelente que tiene los brazos lo bastante largos como para alcanzar el azul de la lejanía. Ha triunfado con las burbujas, flores del aire, olas imposibles par el agua misma. Esta poética de las pompas de jabón, equivalente a las palabras, es obra de su ingenio. ¿Dónde diablos podemos inscribir este espectáculo insólito? Que yo sepa, un mago oriental, llamado Yadu, es el primero que ha trabajado las burbujas de color y perfumadas. Pero la aportación de PEP BOU reclama otro aliento. No se trata tanto de la magia operativa como de poetizar la efectividad del juego de las burbujas. El espacio escénico respira y tiene el nervio de la pureza. La estrella de este número es un gran pez, hijo del viento, que huye de la rutina del teatro. La nieve en un ventanal no remataría mejor la comedia. De todos modos, los clavos y la dentadura de la prosa no tienen aquí nada que hacer. Las burbujas, ejército de la luz, flotan en el vacío, que es la mejor manera de afirmar un pacto, y nos recuerdan que también nosotros nacemos y morimos y somos anillas de una raíz que no requiere médicos. Porque efímero significa que dura poco, y la humanidad no es sino una constelación de efímeras estrellas.

Joan Brossa

Traducción del catalán de Pere Gimferrer

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